Como conseguí largar todo y vivir en la playa?

martes, 3 de noviembre de 2020

Es el sueño de muchos y yo lo hice realidad. Me preguntan, a menudo, como fué que lo hice. Bueno, para comenzar no soy la única victoriosa en esta carrera de los sueños, vivo rodeada de personas que también alcanzaron cumplir el sueño de dejar la ciudad y pasar el resto de sus dias en la playa.

Como lo hice? Nunca desistí, para algunas personas me había convertido en una terca sin razón, en una caprichosa que intentaba una y otra vez, sin éxito, instalarse en una playa paradisíaca. Pero yo sabía que podía y me atreví a soñar mis mejores sueños, aquellos que parecen delirio.

Soñaba que mi familia materna me visitaba en mi paraíso, que saliamos a pasear juntos por la playa y la selva, en sueños me decian: claro, es por esto que querés vivir acá, esto es hermoso, es perfecto. Soñaba que se deslumbraban con la perfección del lugar, que sus ojos por fin podian ver lo que mis ojos veian. Soñaba que mis amigos me visitaban en mi casa, que caminabamos la playa y disfrutabamos de unas cervezas heladas, acompañados por el aroma de la maresía mientras nuestros pies acariciaban la arena. 

Visualizaba y lo hacia a flor de piel, en la pequeña ventana de nuestro departamento alquilado imaginaba como sería despertar en la playa, y me lo creía, me lo creía fuerte. Me imaginaba haciendo la rutina, preparando a Draco para el cole y acompañandolo por la calle de la playa, al volver para casa pasaba por el mercado, compraba frutas tropicales y reversionaba mis mejores recetas mientras oia a los pajaros cantar y a los monos caminar por los cables de luz.

Planificaba, lo planificaba todo, desde el precio de los aéreos para llegar aqui hasta de cuanto salía un pan lactal. No me cansaba de escribir, como sería cada paso para llegar adonde estamos hoy. Planificaba como seria mi vida en el paraíso. 

Nunca me rendí, 

Nunca te rindas, nunca, nunca, nunca, en nada, grande o pequeño, largo o corto, nunca cedas ante tus convicciones de honor y sentido común. Nunca te rindas ante la fuerza, nunca sucumbas ante el poder aparentemente abrumador del enemigo.

La frase más famosa de nunca te rindas pertenece a Winston Churchill, gran primer ministro británico que alentaba incansablemente a los ciudadanos ingleses a resistir tras el bombardeo de las tropas alemanas mientras estas destrozaban Londres a su paso.

Yo no tenía enemigos, pero tenía (tengo) padres pertenecientes a otra generación, la generación del "con que necesidad" iba a darme contra la pared una y otra vez si en mi pais tenía todo lo que necesitaba: un departamento hermoso, alquilado pero hermoso y que podía pagar, trabajaba de lo que me gustaba, tenia una familia y un hijo saludable e inteligente. 
Contaba también con la mirada crítica de mis amigos del momento: "No te imagino viviendo en otro lugar que no sea la playa" me decian, nos decían "desde que los conozco el sueño de su vida es vivir en la playa". Se había convertido en un peso enorme y en una obligación por cumplir, era como nos identificaban: el cuerpo en un lugar y el alma en el otro.
Hacía cosas que me gustaban pero no encontraba el punto de equilibrio, vivía al limite emocional, perdí muchas oportunidades de diferente índole y posibles amistades. 

Lo intentamos 3 veces hasta poder establecernos. 
Hubo dias economicamente insoportables, donde decidiamos que la prioridad era el almuerzo y la cena de Draco, yo comia en el trabajo y Seba sobrevivía a sanguches de mortadela. No paraba de llover, y en un lugar que se vive del turismo y el sol todo parecía derrumarse, una y otra vez. 
Dos veces vinimos y dos veces nos volvimos, con el culo entre las manos, la tercera vez me volví sola con Draco y marido se quedó acá, el había decidido no dar marcha atrás y yo sucumbí ante el "CON QUE NECESIDAD" y con un dolor en el alma volvi con mi niño a la casa de mi madre y sin un puto peso en el bolsillo. Lloré hasta que me quedé sin lágrimas, volví al ruedo del emprendedorismo gastronómico y me volví a acomodar, como siempre.
Y un día desperté y charlando con ex-marido nos dijimos "no podemos no lograrlo" y armé las valijas y me vine de nuevo, una vez más, total, que le hace una mancha más al tigre? 
No todo fue color de rosas al regresar, era el paraíso con el que había soñado, pero esta vez mi lugar favorito en el mundo parecía que iba a darme batalla nuevamente y con la intensidad de la mismísima segunda guerra mundial, y yo, no iba a rendirme. 
Me enfrenté a la nueva vida de ex-marido, un tipo suelto, libre y con nueva relación. Cachetazo en la cara, de frente, sin avisar. Habiamos decidido cumplir el sueño de criar a nuestro hijo en la playa, vivir en el lugar de nuestros sueños, pero nuestra relación había terminado. Tremendo. 
Lo asumí, lloré hasta desarmarme y lo asumí, hice mio el precio del fracaso y empecé de nuevo. Draco en la escuela y yo en en lugar que siempre había soñado vivir. 
Me alimenté de lo simple, me llené de una fuerza imbatible, que se renovaba día tras día cuando mi hijo me pedía helado y podía comprarselo cada vez. 
Pasaron unos meses y volvimos a ser familia. Ex-marido volvió a ser marido nuevamente, pero esta vez con un contrato renovado, que no hablaba de votos de amor ni de hasta que la muerte nos separe, nada de eso, esta vez nos convertimos en socios, en compañeros. Tenemos nuestras diferencias, creo que porque estamos buscando en nuestra adultez (44 y 45) la plenitud, lo que vinimos a hacer en esta vida, esto nos mantiene unidos como familia, como amantes, pero libres como nunca, para ir trás nuestros objetivos personales, con el compromiso de acompañar a nuestro hijo hasta que el pueda tomar sus propias decisiones y encarar su viaje personal.












Hoy estamos aquí donde siempre soñamos vivir, felices de poder haber cumplido el sueño. Ya nos visitó la familia, vinieron los amigos, vieron con sus ojos, lo que nosotros veiamos. Nos felicitamos a nosotros mismos. Alcanzamos más que nuestros primeros objetivos, tenemos un bellísimo hotel de playa, una casa preciosa que reconstruimos cada día un poco. Lo mejor? Tenemos sueños nuevos, porque sabemos que podemos. 

Descubrí mi poder interno, comprobé que no hay fuerza que me desarme. La felicidad es un estado temporal, es poder fluir con los momentos. Entendí que la felicidad no son circunstancias ideales, FELICIDAD es reconocerme en cada paso que doy, cada huella de dejo, cada aprendizaje. 

ENTONCES? Como lo consegui? Creyendo en mi, por sobre todas las cosas.

P.D. Escribo como puedo. No soy una profesional, pero prometo tomar clases.

Paula.


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